La chía, el oro de los Aztecas

Proveniente de América Central, las semillas de Chía eran consideradas “Oro” por los Aztecas, Mayas e Incas.

Ya en el año 3500 A.C. eran conocidas las propiedades de las semillas de Chía, una planta ubicada en las montañas de México que servía de fuente de energía para los guerreros.

La Chía combinada con maíz era fundamental para soportar las largas y duras travesías a pie que estos guerreros estaban obligados a realizar. La semilla de Chía contiene propiedades curativas y medicinales gracias a su alto contenido de antioxidantes y ácidos grasos Omega 3.

Las semillas de Chía contienen una alta concentración de Omega 3; un 33% de aceite (62% linolénico y 20 % linoleico ) el 82 % de sus lípidos son ácidos grasos esenciales.

Este vegetal contiene además un 23% de proteína y un 25% de fibra alimentaria. Aporta vitaminas del complejo B (B1, B2, B3, B6), vitamina E y vitamina A. También minerales como calcio, fósforo, magnesio, potasio, hierro, zinc, selenio, boro, cobre y gran cantidad de anti-oxidantes.

A las semillas de Chía se le reconocen efectos: Antioxidantes. Antiagregante Plaquetario. Antiinflamatorios. Antimutagénicos. Anticarcinogénicos. Antivirales. Laxantes. Hipotensores. Hipocolesterolemiantes. Hipoglucemiantes. Inmunoestimulantes. Vitamínicos. Proteicos.

El consumo de Chía es muy importante por sus nutrientes para, entre otros, casos de: Celiaquía. Depresión. Estrés. Diabetes. Obesidad. Problemas gastrointestinales. Tumores. Artritis. Asma. Afecciones cardiovasculares y pulmonares. Psoriasis. Arteriosclerosis. Anemias. Embarazo. Lactancia. Crecimiento. Convalecencias. Debilidad inmunológica.

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